Queer as Cuando mayo marcea
acompañada pero lonely, solo dan pa ponerme horny
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Juanga - Matt Louis
Leyendo: Quadern prohibit, Alba de Céspedes (Navona, 2022)
Llevaba un mes sin pasarme por aquí. He pensado incluso en dejarlo. Pero está bien tener un lugar al que volver, cuando necesitas compartir. Ha pasado un abril que presumía de verano, dando paso a este principio de mayo con complejo de marzo. Hace falta que llueva para calmar las alergias, que el agua limpie. Que resbale. Que se lleve los picores y los ojos enrojecidos, aunque a veces sean por llorar.
La última nota que escribí en el móvil, el 26 de abril, decía: La misma noche que (respetaré su nombre) me dijo que quería que fuéramos solo amigos, que no había sentido la chispa sexual, quedé con un tío. Uno cualquiera de Grindr. Y le comí el culo mirando a la luna que se veía a través de la ventana de su habitación, con los ojos llorosos asomándose por encima de sus nalgas. En el reproductor que el hombre tenía en la habitación sonaba I want to know what love is de Foreigner.
Como de intensa puede ser la vida para alguien que se fija tanto en los detalles, en la magnitud de los pequeños gestos. Cuando en mitad de la peor situación que hemos vivido entre amigas, una mano se posa sobre la pierna para decir: estoy aquí. Dedos buscándose en señal de afecto. La importancia de tocarse, abrazarse, sentirse. Él y yo nos despedimos, o lo intentamos, hablando de los últimos libros que nos habíamos recomendado y que estábamos leyendo. No hablo del chico del culo bajo la luna, sino del que lo había tenido bajo el sol todo un día juntos en la playa. Donde un gesto, como ponerme crema solar, activó bien alto el mensaje: Juan Carlos, no es aquí.
En estas semanas he leído, intentando perderme en textos ajenos, mientras estoy bien adentro de los propios. Y eso es lo que vengo a mostrar hoy, esos libros. Porque la generosidad de compartir cosas que te han gustado, también es cuidar. Cuando Noelia me dice he visto una película que creo que te gustará, Itziar piensa en mí al llegar un nuevo libro, Lili y Emi me envían una foto o Ada me señala uno a lo lejos; en todo eso hay amor. Así que aquí os va un poquito del mío.
En Foto por privado de Simon Chevrier (Random House, 2026), libro del que hablo en la publicación anterior, el autor cita Pura pasión de Annie Ernaux (Tusquets, 2019), cuyo segundo capítulo empieza con la frase: Desde septiembre del año pasado no he hecho más que esperar a un hombre. Así que, debía leerlo. Hasta el momento no había leído nada de la ganadora del Premio Nobel y me ha gustado el poco filtro que tiene a la hora de narrar su vida y emociones. No hay vergüenza, aunque hable de ella. O si la hay, es capaz de utilizarla a su favor. Un texto sobre cómo se enamora perdidamente de un amante que básicamente la utiliza y pasa de ella.
Justo después de que se marchara, un agotamiento inmenso me paralizaba. No me ponía a arreglar la casa enseguida. Contemplaba las copas, los platos con restos de comida, el cenicero lleno, la ropa y la lencería dispersas por el pasillo y la habitación, las sábanas que colgaban sobre la moqueta. Me habría gustado conservar tal cual aquel desorden en el que cualquier cosa significa un gesto, un momento, y que componía un lienzo cuyo dolor y cuya fuerza jamás alcanzará para mí ningún cuadro en un museo. Naturalmente, no me lavaba hasta el día siguiente para conservar su esperma.
Hombres con un diente de leche de Luis Díaz (Letraversal, 2025) lo devoré aquel día de playa. Aún hay arena entre sus páginas. Un poemario sobre la masculinidad y las relaciones paternofiliales. No estamos acostumbradas a leer sobre relaciones tiernas entre padres e hijos, porque la masculinidad no deja mostrar debilidad y los sentimientos se toman por tal. Por eso me ha gustado este libro que además habla de clase, del campo, del trabajo heredado.
el día que mi padre me dijo te quiero no pude contestar nada no me salieron las palabras le envidio porque el abuelo nunca le ha hecho enfrentarse a ese momento
De la misma editorial -que es completamente mi perdición- os recomiendo en mayúsculas Vértebra de Ricardo de Pascual (Letraversal, 2026), un poemario mitológico, quizás bíblico, que batalla con los dioses del ahora y las tragedias del presente. La búsqueda de la luz a través de la sangre, que brota de sus versos. Con un punto de humor y muchísimo de amor. Estoy deseando leer más cosas de él, que se estrena como escritor.
No puedo. Sencillamente no puedo, no lo soporto. No puedo con tu existencia, me enferma de deseo, quiero clavar los dedos en tu pecho y desgarrarte como una hogaza de pan candeal empapada en saliva y sangre, acercarme para oler tu cuello y clavar los dientes, morder, arrancarte trozos, esparcirte por el suelo, asolarte, deshacerte, conocerte como no te conoces ni tú mismo, conocer el color de tu corazón y detenerlo entre mis manos que no existas más que no gobiernes más deja de existir por favor no puedo pensar en nada más dejadeexistirdejadeexistirdejadeexistirdejadeexistirdejadeexistir para que pueda volver a ser yo
Por último, como colofón, uno de los libros del año: Químicas Piedades, de Marta Echaves (Cielo Santo, 2026). Un ensayo que sigue el recorrido de la ketamina, una droga sintética nacida en un contexto militar, y su evolución desde la psicodelia hasta las nuevas terapias psiquiátricas. Pero no es un ensayo más sobre drogas: Echaves utiliza la sustancia como prisma para hablar de filosofía, ciencia, política y crítica cultural.
Es un texto con múltiples capas y recorridos posibles, algo que también potencia su fantástica edición. Puedes volver tres veces al libro y leer tres libros distintos, según dónde te detengas y cómo lo hagas. Una sustancia tan ligada a la disociación -concepto hoy omnipresente- como a la productividad emocional. Una mezcla de pensamiento académico y escritura poética, además con prólogo de McKenzie Wark. ¿Qué más se puede pedir?
¿Podemos confiar en la policía de la mente, o es lícito que nos hagamos cargo -bajo nuestros términos- de cómo nos hace sentir esta vida de muerte lenta? ¿Nos llevará a construir nuestros propios vocabularios, en vez de replicar lenguajes patologizantes? ¿Podríamos extender este cuestionamiento a la medicación y automedicación? ¿Debe la pharmacopea seguir siendo un saber experto confinado a médicos y farmacéuticas, mientras nosotras quedamos relegadas a meras usuarias pasivas? ¿Y si existieran otras dietéticas narcóticas políticas que no respondan a la productividad de la piedad químicas ni a la farmacologización de nuestra vida cotidiana?
La Portada.
Jared French
Hace unos meses, buscando artistas relacionados con la escena queer, me apareció este autor y me puse la imagen de la portada como fondo de pantalla del teléfono. Me fascinó el realismo mágico de su obra, el misterio en estos cuerpos aparentemente serenos que tienen una fuerte carga ritual, opresora y de deseo.
Jared French (1905-1988) fue miembro de una escena queer sofisticada y clandestina que orbitó entre Nueva York y Fire Island. Justo a su pareja, el también artista Paul Cadmus, formaron parte de de un círculo creativo y afectivo que desafió las normas, creando también el colectivo fotográfico PaJaMa.
Su obra se caracteriza por una atmósfera rarísima, entre el clasicismo y la modernidad. Hay algo hipnótico en sus cuadros, incluso inquietante.




Recomendaros, abrazaros, tocaros. Y comed culo también, por qué no.
Nos vemos en la próxima 🍑
Esta Newsletter nace del club de lectura Queer as Book, en Barcelona.
¡Última sesión de este tercer ciclo! Será la próxima semana, el 21 de mayo a las 19.30h para comentar Fallo del cistema, Marquis Bey (cielo santo, 2025). Un libro donde le autore medita sobre la relación antagónica entre la negritud y el cisgénero. Los ensayos que se presentan son meditaciones, cavilaciones, plegarias y cabreos contra un régimen que ha cercenado todas las posibilidades de florecer de las personas fuera de la norma blanca y cis.
Ya podéis reservar vuestra plaza. ¡Sois todes bienvenides!









